EL LABORATORIO DEL IMAGINANTE

Ya es oficial: me incorporo al equipo del programa de radio La Escóbula de la Brújula para la temporada que se abre esta noche. Y lo hago con una sección nueva: El laboratorio del imaginante.
El laboratorio del imaginante es un lugar desde el que vamos a explorar el futuro. Y lo vamos a hacer gracias a una especie de alquimia: la mezcla de los descubrimientos más asombrosos de la ciencia de vanguardia con la potencia de la especulación científica.
Va a ser un viaje apasionante porque nuestra civilización está viviendo un momento muy interesante. Un cambio de paradigma, de nivel, como el antes y el después del uso de la electricidad. Pues algo igual o más grande es lo que estamos a punto de vivir.
Por una parte, estamos empezando a desvelar el potencial de nuestro genoma. Gracias a ello vamos a ser la primera especie del planeta capaz de controlar su propio destino evolutivo. La clonación humana e incluso la posibilidad de constituir humanos transgénicos -con genes que nos otorguen casi superpoderes-, es algo que técnicamente ya es posible.
Este conocimiento cada vez más profundo de los resortes que animan el cuerpo humano nos va a permitir alargar cada vez más nuestras vidas. Con los mecanismos de reconstitución genética y los tratamientos hormonales que se están investigando, es posible que nuestros hijos rebasen la frontera de los 120 años, y sus propios hijos, la de los 200.
Como iremos viendo a lo largo de los diferentes programas, todo esto forma parte de la revolución biotecnológica. La biotecnología, que nos permite hasta sintetizar vida en un laboratorio, está aunando sus poderes con los de la electrónica para componer una nueva generación de máquinas con capacidades nunca vistas. Como las computadoras cognitivas, que aúnan la creatividad humana para resolver problemas con la capacidad de cálculo de los procesadores electrónicos.
Esto es posible gracias a nuestro conocimiento cada vez más profundo del cerebro humano. Un conocimiento que se está aplicando a la construcción de nuevos chips procesadores que imitan el funcionamiento de las neuronas. Chips que luego se ensamblan simulando las conexiones cerebrales. Esto ya se está haciendo. Incluso hay robots físicos animados por estas neuronas electrónicas…
Pero la última frontera no es hacer robots más humanos, sino humanos hibridados con las máquinas. No solo cíborgs, con componentes biomecánicos que vayan sustituyendo órganos y extremidades dañadas, sino algo más profundo: la conexión directa de la mente humana con estas nuevas computadoras cognitivas.
Es posible que en un futuro cercano podamos incluso trascender la condición humana. Un futuro al que nos acercaremos desde El laboratorio del imaginante… y cuyas crónicas iré publicando en este blog, resucitado para esta nueva andadura.