Un viaje en el tiempo.

Como ya adelanté en mi página de facebook -a la que, por cierto, podéis suscribiros con el botoncito de la derecha-, acabo de regresar de uno de los viajes más enriquecedores de mi vida: dos semanas en Namibia conviviendo con los bushmen, la población humana más antigua del planeta.

La intensidad de lo vivido, y no las más de diez horas de grabaciones de audio y casi cuatro mil fotografías que he traído del viaje, es el verdadero motivo de que me esté costando ordenar todos mis recuerdos. No obstante lo iré haciendo poco a poco y colgándolo en el blog, que para eso está, y para eso estáis. ¿No os parece?


Un poco al estilo del índice de un libro, en los días pasados con los bushmen he podido recorrer con ellos parte de los bosques que rodean a su poblado, donde me han explicado de qué plantas y cómo se abastecen. Una tarea complicada, pues en sólo cuatro metros cuadrados tenían tres o cinco plantas interesantes, de las que aprovechaban cortezas, raíces, o directamente la madera. Con ellas hacen sus arcos; seleccionan las maderas con las que luego -lo he hecho- encenderán fuego por frotamiento; obtienen semillas que se comen como pipas o que tuestan para hacer un horrible café; e incluso hay raíces de las que al rasparlas obtienen una pulpa, que al estrujarla con la mano libera una gran cantidad de agua amarga que quita la sed. Y por supuesto están las plantas medicinales, que hasta tienen un pequeño ritual para pasar de una mano a otra.

De estos paseos y los posteriores trabajos en el poblado, aprendí que es posible sobrevivir realmente, y fuera de las fantasías de algunos programas de televisión, de lo que te brinda la naturaleza. Un cuchillo y, sobre todo, el saber ancestral de este pueblo, es todo lo que necesitas. Un conocimiento, por cierto, que está en serio peligro por razones que ya comentaremos…

Descubrí también un misterio que me intrigaba: siendo yo arquero, siempre me pregunté si esos arcos de juguete que llevaban eran sólo para tomarle el pelo a los viajeros, o si realmente podían cazar con “eso”. Y bueno, después de hacer mi propio arco con cuerda tejida por mí, y mis propias flechas con punta de hueso compuesta y tallada y pegada con resinas naturales, y a pesar de que realmente disparaban con cierta fuerza y precisión, aún tenía mis dudas. Hasta que me enseñaron a preparar el veneno. Una flecha abate a una girafa de tonelada y media en un par de días. Y a un hombre en tres o cuatro horas. Y yo con heridas en las manos, mientras ‘Tao me enseñaba a prepararlo…

Aunque si de misterios se trata, mencionemos dos como aperitivo. El primero, sin duda, es el Trance Dance, la manera en que los dancers alcanzan un estado alterado de conciencia. Sólo lo hacen unos pocos, da igual si hombres o mujeres, mientras tengan la capacidad de trascender y abandonar su cuerpo físico. Y ese es el comienzo. Los trancedancers especializados en conseguir alimento sobrevolarán sus territorios para encontrar donde están las mejores piezas, o los árboles cargados de frutos. Y aunque no me facilitaron estadísticas, me aseguraron que funciona. Pero hay otros dancers que se ocupan de cosas más peligrosas: acceder al mundo de los muertos para consultar a sus ancestros, y, sobre todo, para convencer a algunos espíritus de que repriman sus ganas de buscar a los vivos para llevárselos a su mundo, y dejen de provocarles enfermedades.
Ya veremos esto con cierto detalle, pues me resultó francamente interesante.

Y el otro misterio, algo que no por conocido dejó de sorprenderme: las pinturas rupestres de los bushmen. Aquí y allá, en esos altozanos rocosos o en las cuevas en los que pequeños grupos se establecían, aparecen pinturas en las piedras que muestran escenas, sobre todo, de naturaleza: animales, caza, recolectores corriendo despavoridos hacia un río mientras son perseguidos por un enjambre de abejas… No es tanto el contenido como el aspecto de estas pinturas lo que me intrigan. ¿Por qué son tan parecidas a las pinturas rupestres de, por ejemplo, Tassili, o Europa? Las mismas figuras estilizadas, con trazos sofisticados, los mismos colores… Es un tema que me intriga y del que espero poder indagar más.

Ya os contaré. Por hoy, creo que ya tenemos suficiente ;o)