Gliese 581g: otro mes mirando al cielo.

Y por buenas razones: se ha descubierto el primer planeta fuera del Sistema Solar, a 20 años luz de la Tierra, con todas las características necesarias para ser habitable. De hecho, uno de sus descubridores, Steven Vogt -astrónomo de la Universidad de Santa Cruz en California-, piensa que la probabilidad de que contenga vida es de prácticamente el cien por cien.

Conocemos ya algunas de sus características: un suelo rocoso, agua líquida, temperatura adecuada y una gravedad compatible con la vida. Todo en los alrededores de la estrella Gliese 581 –el planeta se llama Gliese 581g-, que además de éste tiene a otros cinco planetas orbitando en torno a ella. No es una copia de la Tierra, sin embargo. Su masa es tres veces mayor y su “año” es de solo treinta y siete días. Tiene además la particularidad de que una de sus partes está permanentemente iluminada, y la otra siempre en sombra. La parte más apta para ser habitada es precisamente la interfase, a la que los investigadores han designado con el extraño nombre de “terminator”. En su entorno los organismos podrían -¿han podido?- encontrar un amplio rango de condiciones óptimas para el desarrollo.

Los descubridores del planeta piensan que en 200 años podríamos tener robots en el espacio a la distancia suficiente como para confirmar que realmente Gliese 581g está habitado.

El descubrimiento reafirma además una opinión bastante difundida entre los científicos, y es la de que los planetas habitables –según nuestros estándares-, deben ser bastante más comunes de lo que pensábamos. Sólo en nuestra galaxia, apunta Vogt, habría entre 20.000 y 40.000 millones de planetas potencialmente habitables.

La pregunta entonces es obvia: ¿cómo es que entonces no hemos encontrado vida hasta ahora? Pues algunos astrofísicos y científicos de la NASA apuntan a que tal vez el enfoque del SETI no es correcto, y más que tratar de encontrar señales de radiodifusión –un método poco eficaz para una civilización que mandase señales hacia el exterior-, deberíamos buscar más bien pulsos cortos y definidos, y dirigidos hacia direcciones concretas, y en una banda de 1 a 10 gigahercios. Un concepto al que han bautizado como “Balizas Benford” por sus promotores. Además, en vez de mirar hacia fuera, apuntan por dirigir nuestras pesquisas al centro mismo de nuestra galaxia: la Vía Láctea

Precisamente el doctor Ragbir Bhathal, un astrónomo australiano miembro del SETI, captó hace dos años un potente y extraño pulso de luz proveniente del espacio, precisamente del entorno de Gliese 581, antes de que se supiera que en su sistema había planetas potencialmente habitables. Este pulso, cuya trascendencia y significado pleno sólo me atrevo ahora mismo a imaginar, era del tipo que emitiría un láser.

Llegados a este punto de las cosas, más que tratar de buscar vida inteligente, cabe ya pensar si ellos serán capaces de encontrarnos, punto este que ya comentamos que inquietaba muy especialmente a Stephen Hawking. Al parecer, localizarían nuestro planeta gracias a Neptuno, capaz de deformar el polvo originado en el cinturón de Kuiper con su fuerza de gravedad, lo cual es detectable. Nosotros somos apenas una mota en el espacio.

Y si nos localizan, ¿entonces qué? Puede que entonces se haga cierto uno de los bulos más extraños del año, publicado hace unos días por The Sunday Times, y que apuntaba a la designación por parte de la ONU de una embajadora con la misión de representarnos ante los extraterrestres en caso de una comunicación alienígena. Tal honor habría recaído en la astrofísica malaya Mazlan Ohtman, directora de la Oficina de las Naciones Unidas para el Espacio Exterior, que un tanto sorprendida tuvo que desmentir el rumor. Al menos de momento, pues además de promover el uso pacífico del espacio entre las naciones, una de las competencias de su oficina es la de preparar una respuesta coordinada ante la eventualidad de un contacto alienígena.